lunes, 7 de octubre de 2013

15-Mangola-Tiwi (Kenia)

31 de agosto Lamu
Hola a todos, sigo por donde me quedé.

15 de agosto Mangola
Visitamos por la tarde con Pepe el hospital que, aunque ya lo conocíamos, había cambiado y ahora cuenta con un quirófano estupendo. Por cierto, al pobre Pepe le ha caído una de espanto, ya que se han quedado sin administrador y está él haciendo este trabajo, que por un lado no le gusta y por otro se ha encontrado con un caos horroroso que esta tratando de arreglar.  Ha cambiado también mucho el entorno de la casa. Antes todo estaba peladísimo, los árboles que plantaron hace años han crecido y es un gusto disponer de verde alrededor. Cenamos todos juntos, charlamos y discutimos temas trascendentales con opiniones no siempre coincidentes.
16 de agosto Mangola
Miguel Angel se fue a Karatu con los voluntarios cordobeses, que se tomaron el día libre y le acompañaron. Tenía misa y se hacía cura un chico de los que había estudiado en Mangola. El resto nos quedamos poniendo alrededor de 200 lavadoras, ese lujo llevábamos más de dos meses sin disfrutarlo y además  no sabíamos si nos quedaba alguna pulga y no era plan llenarles la casa de las susodichas, con lo cual lavamos todo, incluidas sábanas, que ya tenían un color de difícil definición. Pasamos un día muy relajado, Pepito y Boni haciéndole cosas a los coches, la juventud haciendo un puzzle de no sé cuantísimas piezas y aprovechamos un rato para pasear por el pueblo. Por la tarde Pepe (cura) y yo tuvimos tiempo de charlar y contarnos muchas cosas aunque todavía no hemos acabado y los jóvenes se fueron con un chaval masai que estudia en el instituto y que habla español. Vinieron encantados con todas las cosas que les contó sobre la cultura masai y sobre todo sobre las mujeres. Muy interesante pero eso ya os lo contaran ellos.
Vimos a Endukusi que, aunque han pasado muchos años, sigue igual de cara y se acordaba de nosotros. Me mandó recuerdos para las hermanas. También su mujer se acordaba de todos nosotros.
Cenamos todos juntos pero estaban todos los de la excursión a Karatu matados porque tuvieron que madrugar mucho, y se retiraron pronto. Los demás nos quedamos charlando, y era como si el tiempo no hubiera pasado y estuviéramos en Nairobi  o  Mangola muchos años atrás con Miguel quedándose dormido sentado y a los pocos minutos volver a meter baza en la conversación. 
17 de agosto Mangola
Durante la mañana seguimos quemando la lavadora y yo aproveché para escribiros un mensaje. Entre medias hubo procesión porque era el día de la Virgen y allí se organiza una romería en miniatura moviendo a la Virgen de un pueblo a Mangola. Estuvo bien, acompañados por sus cantos.

La comida, como era domingo y en principio iba a componerse de restos, pasó a ser un banquete, una de las cordobesas hizo gazpacho, salmorejo y gachas cordobesas y Boni se curró un par de tortillas de patata. Todo buenísimo.
En Mangola

Por la tarde fuimos al lago Eyasi a dar un paseo. Más que al lago fuimos a las orillas, ya que el agua casi ni se veía,  ahora es época seca y todo, salvo el hotel de un alemán y una argentina que esta en al borde del lago, está sequísimo. Fuimos al hotel que está rodeado de vegetación y que es lo único en la zona con agua potable. Un sitio precioso pero que éticamente deja mucho que desear. Vimos allí a una hiena que estaba criando.
La tertulia nocturna muy animada y menos polémica  Aunque era una pena despedirse ya de Mangola, queríamos ir al Ngorongoro, al Serengeti y a la playa antes de que se fueran los Matesanz. Los Yanes volveríamos más adelante con un poco mas de tranquilidad. Me da cierto complejo de pesados porque Pepe y Miguel están continuamente recibiendo gente y da la sensación de que irrumpimos en sus vidas sin cortarnos un pelo y haciendo que se adapten a nuestras necesidades. Los cordobeses se iban el martes siguiente, unos días después el madrileño,  poco después vienen unos periodistas a hacer un reportaje y justo cuando acaben volveremos nosotros. Un sinvivir. Pero por supuesto insisten en que están encantados de recibirnos.
18 de agosto Mangola-Puerta del Ngorongoro

Temprano, fuimos a visitar a los Hatza. Son una tribu de bosquimanos que en pequeños grupos viven en la zona. Quedaran unos quinientos y con visos de que si no se pone remedio se extinguirán en pocos años. La visita fue muy interesante y para mí muy triste, viendo que no tiene vuelta atrás su situación, y como en cierto modo todos los que los visitamos estamos colaborando con su destrucción,  aunque en nuestro caso acompañando a Miguel Angel, no es lo sangrante que puede ser con las agencias de turismo (es un amigo y no abusa de ellos, por el contrario les ayuda), sigo encontrándome incómoda. Me imagino que muchos habréis leído el E-mail último de la misión. En todo caso os lo voy a reenviar para que os pongáis al día los que no lo hayáis leído. En resumen, ver cómo buscan raíces de las que se alimentan y que compartieron con nosotros, cómo dan caza a pequeños ratoncillos que son la golosina de los niños y sólo van destinados a ellos, y ver cómo se comunican y se relacionan entre ellos y con nosotros. Fue una experiencia.
Los Hadza han cazado un ratón

Después de la visita a los Hatza fuimos a ver una fragua de los Mangati (ni idea de como se escribe) son una tribu similar a los masais.  La fragua increíble:  fuelles de piel y en el suelo fundían pequeños trozos de hierro, candados viejos o trozos de cualquier metal, y confeccionaban armas, (puntas de flecha, de lanza..), utensilios para el campo y adornos. El chaval que manejaba la fragua nos confeccionó en el acto una punta de flecha con una habilidad alucinante.
Volvimos a la misión donde nos despedimos de todos y nos fuimos hacia la puerta del Ngorongoro. Miguel llamó al cura "rasta", un bosnio lleno de rastas rubias, hiperactivo y con mucha gracia, que nos permitió dormir en el jardín.  Miguel Matesanz se dio cuenta de que había perdido la tienda de campaña. El último día que la usó fue en Arusha y ya no la volvió a ver, tuvimos que pedir al rasta que buscara algún sitio donde pudieran dormir Javi y Miguel, al final les dejo una habitación de alguien que no dormiría allí esa noche.
Tempranito por la mañana, tras despedirnos y agradecer la hospitalidad, nos dirigimos a la puerta del parque Ngorongoro. Para quien no lo conozca debo deciros que es un paisaje tipo selva de montaña, árboles inmensos con mucha vegetación  todo muy verde y húmedo y con niebla que le da un ambiente de misterio. La pista roja, en principio, en muy buenas condiciones. Vimos algunas cebras y por fin elefantes muy cerca del camino y entre el tamaño, la niebla y la intensa vegetación era una visión impresionante (sobre todo sobrecogió a todos los novatos). 
Lo normal hubiera sido que tuviéramos que bajar al cráter con un guía y ademas de pagar la bajada 200$, pagar al guía. Sin embargo, pudimos evitarlo porque Pepito con su swahili dijo que él era el guía y además bajábamos los siete en el Cañonero y no cabía un alfiler. Aquí es obligatorio bajar y subir al cráter en todo terreno. El interior de éste no tiene nada que ver con el anillo exterior desde donde se empieza la bajada. El clima y la vegetación son totalmente diferentes, aquí es sabana.

Pudimos ver muchas cebras, búfalos, ñus, elefantes (a cuatro metros), muchos tipos de gacelas, leones y un montón de hipos, ademas de gran variedad de aves. 
Ngorongoro

Ngorongoro
Al atardecer subimos de nuevo al "ring" (la parte exterior del cráter) que es donde están los camp-sites (camping), estos son lugares abiertos donde hay algunos servicios; esto ha mejorado algo con relación a lo que conocíamos.  Visto que el precio de los lodges era muy elevado nos fuimos a cenar a la cantina de los currantes y ya había anochecido. 
A mitad de camino de la cantina los faros del coche iluminaron un león enorme que no se inmutó cuando nuestros faros le iluminaronSiguió caminando muy tranquilamente. El punto fuerte pasó cuando un coche que venia en la otra dirección le hizo darse la vuelta, vimos como caminaba a medio metro de nuestro coche con la mayor tranquilidad (tal fue la emoción que ni Alegría pudo sacar las fotos del león decentemente ni Javi (ahora cuento la historia) pudo apenas dormir).
Esa noche Pepito pidió prestado al tour leader de una compañía de turistas, una tienda de campaña que nos prestó sin aceptar nada a cambio; además nos ayudo a ponerla. Dentro de la zona del camping había cebras, elefantes y monos.
19 de agosto Ngorongoro-Serengueti
Nos levantamos muy temprano, porque si no salíamos antes de 24 horas del parque nos cobraban un día más y ya nos habían avisado que con el R5 tardaríamos unas tres horas. La pista desde allí, en unas condiciones pésimas con un montón de "corrugations" y piedras. Íbamos acelerados porque pagar un día más era un pastón. Boni no se aclaraba y quiso dar la vuelta. Al final con Cañonero aceleramos para llegar sólo con diez minutos de retraso a la puerta y convencerles de que el R5 llegaba ya, al final coló.

En Serengeti fuimos a la zona de Seronera y vimos grandes manadas de elefantes con sus crías,  guepardos, cantidad de hienas, jirafas, un montón de cebras, ñus, hipos, damanes...
Serengeti

Comimos en el lodge de Seronera que es precioso, incorporando los Kopjes (grandes rocas) a la estructura del edificio y también fuimos a cenar. Fue caro y malo pero nos apeteció por un día comer a lo ricachón (como dice Javi).
20 de agosto Serengueti- Arusha
Volvimos a pasar de Serengeti a Ngorongoro y tuvimos que volver a pagar la entrada, encima nos pillaron. Habíamos pagado por dos niños, que el precio era bastante más barato y, aunque Sofi se pasaba de la edad por seis meses, pensamos que colaría.  Los dos primeros días bien, pero el tercero vieron a Javi y nos pidieron los pasaportes, y no coló de ninguna manera. Nos hicieron pagar parte de la diferencia aunque gracias a Dios se liaron y aún así nos ahorramos 70$.
Llegamos a Arusha donde habíamos quedado con Pepe y MIguel. Sólo vino Miguel Ángel, que había ido el día anterior a dejar en el aeropuerto a los cordobeses. Cenamos en el Masai Camp, donde también dormimos. Miguel el cura nos trajo una tienda de campana para sustituir a la perdida.
21 de agosto Arusha
Fuimos con Miguel a Aduanas. Él ya había hecho gestiones para ver cómo solucionábamos el papeleo para poder dejar el coche en Tanzania e incluso se planteó dejar allí el R5, Boni al final lo descartó porque complicaba mucho la continuación del viaje y el pobre Zorro llegó en parte a Tanzania haciendo honor a su nombre pero en plural. (Las puertas debían ser sometidas a tortura cada vez que había que cerrarlas, la quinta no entraba, el embrague en las últimas, se calentaba, la suspensión hacía un clonk clonk muy sospechoso...) y al final era un regalo envenenado. Pero para nosotros las gestiones fueron muy fructíferas. Nos explicaron que se podía dejar el coche allí sin problema pagando 20$ al mes y presentando antes de que caducara el carnet de pasaje renovado; así el próximo año, si no hay problemas, desde Tanzania bajará hasta Sudáfrica. Tras despedirnos de Miguel, fuimos a hacer compras a un mercado masai que han hecho nuevo, siguen pesadísimos, aunque ahora todos juntitos. 
Cenamos y jugamos unas partidas de billar, esa noche había discoteca allí pero como siempre, a las diez estábamos todos muertos.
22 de agosto Arusha-Mombasa
Madrugamos como era habitual, por carretera fuimos hasta la frontera con Kenia, puesto fronterizo de Taveta. Allí Boni hizo un "treinta sesenta" y entró en Kenia sin sellar su carnet de pasaje para así evitar perder el tiempo en las Aduanas de Nairobi (el plan era abandonar allí el R5) y poder quedarse más tiempo en la playa. El primer tramo, pasada la frontera, era pista en bastante buenas condiciones, parte de ella atravesando el Tsavo. Precioso a pesar de lo seco que está todo. Tierra roja plagada de baobabs y espinos, pudimos ver algunos animales. Poco antes de Voy ya había asfalto.
Mombasa

LLegamos a Mombasa ya de noche y de allí nos fuimos al ferry de Likoni (Vir me acordé mucho de tí y de cuando estuvimos las dos con Luisito un par de semanas y con el ferry a tope de gente. Nos lo quitaron de las manos pasándoselo de unas mamas a otras y nosotras sufriendo en silencio con una sonrisa helada en la cara hasta que lo recobramos), y desde allí a Tiwi al Twiga Lodge que es también el camping clásico donde paran todos los overlanders, también donde paramos con Requetín la primera vez que llegamos a Kenia y donde pasábamos parte del tiempo cuando íbamos con los grupos de Adinda. Muchos y buenos recuerdos.


Otro día más, besos a todos
Tiwi
Comida playera. Tiwi

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