26 de julio Khartoum
Hola a todos de nuevo, como veréis hemos llegado sanos y salvos. Continuaré por donde nos quedamos.
21 de Julio Aswan - Wadi-Alfa.
Quedamos la noche anterior con todos los viajeros que íbamos a coincidir en el barco, en salir juntos a las nueve de la mañana hacia el puerto. Primero empezó Jorg, el alemán a dirigir la expedición después de dar unas cuantas vueltas, fue Pepito el siguiente en liderar la caravana, ya que habíamos ido el dia anterior y se suponía que sabíamos ir: segunda perdida del día. Los "british" fueron los siguientes y al final cogieron a un niño para que nos llevara. El grupo es como para hacer chistes, francés, inglés, alemán y español. Comenzó a las diez de la mañana un día que prometía ser muy largo. Mientras los conductores luchaban a brazo partido por hacer el papeleo del embarque y de la frontera, el resto enseñábamos a Enzo y Rubén, los dos niños franceses, a jugar al parchís, todos pegados a una valla que era la única sombra que había. Hacía mucho mucho Calor. Después de varias horas de papeles resguardados en la sombrilla de un arbusto comimos unas latas. Cuando pensábamos que ya se había acabado el papeleo nos mandan a otra cola, esa también me la chupe yo. Cola africana de las buenas de verdad, funcionarios mucho mas pacientes que el santo Job, soportando que les incrusten los pasaportes entre los ojos, se los metan en la boca, les cercenen la nariz y sólo de cuando en cuando se decidían a echar una mirada furibunda a los torturadores, porque son cinco o seis manos a la vez intentando que por fin recojan sus papales. Como nuestros pasaportes les resultaban mas fatigosos nos iban alternando con el resto de los sudorosos colistas. Según Anja (muy alemana) llevábamos 20 papeles hechos ese día.
Por fin, alrededor de las cuatro de la tarde nos dicen que podemos entrar al barco, los pasajeros, ya que los coches había que cargarlos en otra barcaza y todavía estaban requintándola con cientos de cajas y fardos. Unos auténticos privilegiados, los únicos con camarotes con aire acondicionado, carísimos, que no es que enfriara es que te paralizaba y entumecía del frío cuando afuera estaba cayendo una de órdago. Los alemanes, siguientes afortunados, tenían un camarote pero sin la magnífica ventana panorámica de la que disfrutábamos nosotros, eso si con el mismo frío glaciar. Los camarotes no los han limpiado, ni pintado desde el día en que los botaron, pero eran un autentico lujazo, si conseguías obviar el tufo a amoniaco del wc.
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| Uno de nuestros dos camarotes |
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| Los coches iban en una barcaza. Los pasajeron en el Ferry |
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| Taxis de Wadi Halfa |
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| Comida en grupo en Wadi Halfa |
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| Carretera de Khartoum |
Por fin, cargaron los coches. Los "british" iban en cubierta, en el suelo igual que otros muchos, pero eso a partir de que el sol bajara era un lujo comparado a los salones interiores de segunda.
En un momento dado, nos llega noticias de que tenemos que pasar por el médico, con algunos de los papeles que nos habían dado. Era un control sanitario por la epidemia mundial de gripe "A". Otra pelea de espanto, por el pasillo exterior del barco todos asomados a una ventanilla poniendo la oreja para que comprobaran si tenías temperatura, en esas apreturas, nos dicen que las mujeres fuéramos por dentro directamente al camarote de los médicos. Pero antes de eso estuvimos en el barco todos los guiris en fila india buscando el famoso camarote, un chistoso muy serio nos dijo que era en el que él estaba y fuimos entrando todos, incluidos niños hasta que nos dimos cuenta de que era vacile y parecía eso el camarote de los hermanos Marx.
La cena estaba incluida, aunque tuvimos que pagar un extra para que nos dieran un pollo, que por su minúsculo tamaño parecía que habían sido sometidos a algún experimento genético Por la noche tuvimos que apagar el aire y dormir con la ventana abierta, delicioso, el resto, los espabilados pidieron manta y aunque durmieron con el a.c. abrigados hasta las cejas durmieron bien. Los alemanes, no sabían nada de mantas ni de que se pudiera desconectar el aire y al día siguiente estaba Anja enferma por el frío.
A las seis de la mañana nos levantamos para ver desde el barco el Templo de Abu-Simbel, en realidad no lo divisamos hasta las siete. Impresionante por su tamaño, pero me quedé con ganas de más. La mañana la pasamos entre cubierta y el camarote leyendo y contemplando el lago.
Otro día más. Mañana salimos hacia la frontera de Etiopía.










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